Recuerdo cuando era tan divertido mezclar las cartas que casi siempre el azar las volvía a ordenar.
Todo perfecto, cada cosa, cada conjunto de cosas, absolutamente todo; y me fui a ese otro cuerpo, tan maravilloso que parecía. Tan maravilloso que quise ser él. Todos nos fuimos, cada alma a pasear por otro cuerpos.
Así, cada uno, sin conocerse estaba perdido. Chocando siempre contra sí mismo. Queriendo lo que no podía, por no saber que no podía; y por esa misma ignorancia, sin poder hacer nada al respecto.
Finalmente, ¿La casualidad?, ¿El tiempo?, ¿El valor?, llevaron a cada alma denuevo a su cuerpo; y a cada cuerpo a conocer su alma. A simple vista mas bien poco cambió. Pero TODO fue, otra vez, perfecto.
