jueves, 28 de mayo de 2009

El maestro



La noche era fría y oscura y los dos habían improvisado un pequeño campamento junto a los muros de la ciudad para resguardarse del viento.
-¿Que cuántos años tengo? -dijo- uf, si supiera.
Hablaba pausado mirando fijo al fuego
-Creo que no viví mas de 60. Pero de mi edad, no sé, no sabría hacer la cuenta.
Levantó la vista y lo miró un momento, el jóven escuchaba con los ojos muy abiertos. Se dió cuenta que no entendía a qué se refería, que esperaba algo más a esa frase tan imprecisa.
-Lo que pasa- siguió -es que cuando pensás, conocés, leés, vivis muchas vidas. Estoy acá desde el principio, porque hablando y compartiendo con gente vencí al tiempo que me encadenaba a este momento, al eterno ahora, y me fui mas allá, y viaje por el mundo, no ese mundo fisico tan fascinante, el mundo de las personas, el de verdad. Y así aprendi mucho, lastima que no pueda hacer nada con ello.
El joven lo escuchaba atentamente. De repente, algo giró en su mente, como algo que se retuerce y luego se desarma, se sintió caer desde una altura impensable, caia a toda velocidad y en un instante frenó posandose suavemente en el suelo. Con las piernas cruzadas, frente al fuego que siempre había estado ahí, miró a su alrededor y todo pareció diferente, real. El velo que antes cubría todo había desaparecido y el viejo ya no le estaba contando un cuento, asi como el fuego, las palabras del viejo, su mundo imaginario fueron tan reales como el resto y ya no era un cuerpo lo que tenía en frente, era su alma entera.
-Los que están atrás de esas paredes nos llaman locos, como si entendieran algo. ¿Alguna vez te asomaste a ver como és ahí adentro? Ni siquiera se dan cuenta que existen - y con el mismo tono tranquilo agregó- Y nos llaman locos.
Aunque su cuerpo estaba inmóvil, el joven no podía mantenerse tranquilo, tuvo la sensacion que estaba cerrado herméticamente desde hacía mucho tiempo y sentía que la presión era muy alta y que iba a estallar, quería gritar y lo hizo. Un sonido desgarrador salió de su garganta, con la cabeza inclinada hacia atrás y la boca muy abierta. Sintió la energía fluir a traves de su cuerpo, sintió el envase que lo retenia romperse y su ser entero mezclarse con todo lo demás, y su grito se quebró en un gemido todavía más intenso que se escuchó del otro lado de las paredes y culminó en un suave llanto, apenas audible. Con sus ojos repletos de lagrimas, agitado y respirando muy fuerte miró fijo a los ojos del viejo como nunca antes había mirado a una persona.
-Me alegra que me entiendas- dijo con el mismo tono en el que venía hablando -me hace pensar que sí puedo hacer algo con lo que aprendi, habría que tirar abajo esa pared, y mostrarles lo que viste.