domingo, 7 de diciembre de 2008

Alas


Como todos abrió sus ojos y sus alas a la vez, el metal era lo único que veia y las alas, al abrirse, chocaron con él. Por tanto tiempo, lo unico que vio fue esa máquina, lo unico que quizo fue subir y volar en ella. Un avion de entrada y asientos estrechos. Decidido, corto sus alas para poder entrar.

En la manga cientos de personas recorrian el camino convencidos de lo que hacian, con sus espaldas mutiladas. Subían uno a uno al avion y todavia moviendo lo que quedaba de sus miembros alados se apoyaban contra los asientos ahogando lo que alguna vez fueron hermosas alas contra unos comodos respaldos acolchonados. Èl se acomodo junto a una ventanilla y sintio como la maquina tomaba velocidad.

El avión despegó y recorrió el cielo torpemente, semejante maquina no podia moverse tan facilmente y con movimientos bruscos intentaba esquivar a los que, sin haber querido renunciar a sus alas, recorrian el cielo.

Tarde o temprano iba a pasar, junto a la ventanilla vio como una alado terminaba incrustado en la maquinara del avión. Luego de esto la maquina perdio el control y torpemente choco a cientos y los hizo pedazos entre sus turbinas. El avión cayó y aquellos que habian resignado a sus alas cayeron con él. Culparon a los alados de destruir la maquina por recorrer el cielo tan audazmente y él opinó lo mismo que los demás.

Muchos aviones más se construyeron, esta vez preparados para no caer aunque algunos alados terminaran entre sus turbinas.
Pero un dia el cielo se lleno de plumas blancas que cubireron todo lo que la vista llegaba a ver. Y los aviones no cayeron, suspendidos en las alas llegaron mas alto que nunca. Sus turbinas frenaron y no destruyeron a nadie mas. Y los que alguna vez habian renunciado a sus alas pudieron volar otra vez. Èl se levanto de su asiento y se acerco a la puerta, salio de la maquina y recorio el cielo apoyado en las alas desplegadas de los que nunca quisieron abandonar el esfuerzo para poder volar.

domingo, 26 de octubre de 2008

Yo, tu, él... nosotros.

Una persona no existe más que como una interpretacion de todos los demas. Cuando uno dice algo, ¿Qué es lo que quizo decir? Los demas deciden qué es lo que habia querido decir pero lo cierto es que dijo lo que dijo. Cada uno esta creado momento a momento por la conducta de todos los demas.

De repente Yo no era yo sino todos los demás. Pero no es que Yo sólo era ellos sino que ellos eran yo. Así, Yo, junto con otros, podíamos ser cualquiera, hacer a cualquiera. Porque cualquier otro no era sólo Él sino todos nosotros.

Busqué a otros como yo, hechos por los otros que no eran como nosotros y con ellos fuimos uno. Así, nosotros, ahora Yo (entre todos) podíamos ser, o hacer, a ellos o sea a él. Pero Él se enfrento a mi, aunque Él era yo y Yo era él, a Él no le gustaba él (O sea Yo) y por un momento no me gustó Él. Hasta que me di cuenta que era Yo. Así fue que cambié. Y a mi nuevo yo, o sea, Él, le gusté, se gustó. Y Él y Yo somos uno. Pero ya no somos Yo, somos todos.

jueves, 16 de octubre de 2008

Victor el molinito


En una galería cerca del mar, en un kiosquito buena onda, había un mostrador con varios molinitos que giraban con el viento. En general giraban fuerte cuando soplaba fuerte, no tanto cuando no soplaba tanto y nada cuando no soplaba. Con el tiempo, los kiosqueros habían aceptado esa forma de actuar de los molinitos, siempre hacían lo mismo, tanto que ya ni se notaba. Pero en ciertos momentos la cosa parecía cambiar.

Más de una vez los chicos se dieron cuenta que había un molinito de aspas amarillas y verdes y, en el centro, un ojo colorido en revoltoso espiral, que no hacia lo que uno esperaba. En el medio de la noche, mientras la gente se juntaba en las mesas y la galería se llenaba de risas y alegría, sucedía que todos los molinitos giraban con el viento pero, inadvertido, el molinito especial empezaba lentamente a girar en la otra dirección. Otras veces, cuando antes de una tormenta se levantaba un fuerte viento, nuestro molinito se mantenía estático con su ojo espiralado manteniendo fija la mirada.

Ante la mirada de la gente el molinito se ponía a actuar como los demás por miedo a que no les guste que sea diferente. Pero no le pasaba lo mismo con los trabajadores del lugar. Ellos tenían amigos tan diferentes y los trataban tan bien que el molinito se empezó a soltar delante de ellos.

Con el tiempo los chicos se dieron cuenta que había algo especial en él. Llenos de curiosidad lo tomaron y lo llevaron con ellos dándole así, sin darse cuenta, piernas para moverse, una forma de explorar el mundo buscando las cosas que lo hicieran girar. Así también, junto con sus piernas, gano un nombre, Víctor, el molinito

Víctor con sus nuevas piernas se lanzó a explorar el mundo. Descubrió que las largas caminatas a la playa lo hacían girar como loco al igual que los árboles que se mecían suavemente con el viento. Descubrió que le encantaba andar en bicicleta por la galería, dando vueltas y vueltas entre las columnas. En un momento, al ver a lo lejos un lugar abarrotado de gente, Víctor salió corriendo para estar con ellos pero apenas llego a la puerta frenó al instante viendo que no era gente alegre sino gente aburrida y encerrada. Dio media vuelta y siguió buscando, y encontró un grupo de gente reunida que reía sin parar, con ellos se quedó girando contento un buen rato.

Uno de los kiosqueros vio que el molinito giraba más o giraba menos según quienes tenía alrededor. El asunto es que este kiosquero también era diferente, tenía un problema en la vista. Sus ojos no podían ver a las personas. Esto le traía muchos problemas para comunicarse. Al no ver a la gente una y otra vez el joven se metía en enredos y malos entendidos. Pero lejos de ser algo malo esto tenia también sus ventajas, el kiosquero no veía a las personas pero si podía ver a las almas y se comunicaba muy bien con ellas. Las almas se escondían a veces en los cuerpos de la gente, quedándose a veces en una misma persona o pasando entre una y otra otras veces, esparciéndose y contagiándose. También flotaban libres en el aire como la sensación de tormenta o se metían en cualquier objeto dándoles belleza e importancia. Ya sea un botón, un pedacito de cartón, una foto en blanco y negro o lo que sea.

Viendo esto el joven se dio cuenta que Víctor brillaba con el brillo de las almas. Éstas lo hacían girar, acariciándolo y empujándolo con fuerza. Y cuanto mas brillaban las almas que los rodeaban Víctor y el kiosquero eran mas felices.

sábado, 16 de agosto de 2008

Muerte en Venecia



"Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son a la vez más borrosas y penetrante que las del hombre sociable, y sus pensamientos, más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que seria fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones, le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad hace madurar lo original, lo audaz, lo inquietamente bello, el poema."

lunes, 4 de agosto de 2008

Rebelión en la granja.



Where two and two always makes a five.

sábado, 24 de mayo de 2008

Miradas



En la sala de parto todo se iluminó, cada rincón se bañó de un blanco estridente. Detrás de cada objeto, dentro de cada cuerpo, cada idea, le belleza de este ser brilló.

Mirándolo de cerca luego de que los ojos se acostumbraban un poco se podía ver un hermoso ser, rosadito, sonriente, con un brillo en sus ojos que sólo era igualado por el brillo del sonido de sus risas. Lo que brillaba era su pureza, no como estado inicial de las cosas, sino como infinitud, posibilidad de ser. Esa pequeña bola de luz no era nada y así lograba ser todo. Los médicos, horrorizados, los padres, temerosos, todos con sus ojos entrecerrados, no pudieron ver. Tenían absolutamente todo delante de sus ojos, pero fue demasiado para ellos. Rápidamente el padre busco algo para cubrirlo, las mantas no servían, ni siquiera los parpados. Cerrar los ojos ya no era suficiente para contenerlo todo. El niño tenía sobre su frente un punto negro donde la luz no traspasaba. Un pequeño rectángulo, muy blanco, pero muy opaco. Una fina línea de luz apagada formaba garabatos sobre la superficie. Pronto se dieron cuenta que esos garabatos eran letras que formaban su nombre.

Papa y mama se lo llevaron del hospital, la gente que no lo conocía quedaba maravillada con su luz y se acercaban a los padres que extrañamente mantenían sus ojos pegados sobre la frente del niño. La mirada fija en su nombre. Si los que los veían seguían paso se iban contentos, alegres con la belleza que acababan de ver. Pero si se quedaban se empezaban a sentir incómodos con tanto brillo y pegaban su mirada en la etiqueta, buscando descanso. Cuando llegaron a la casa lo mismo pasó con su familia. Pero la pequeña etiqueta no era suficiente para que todos descansen su mirada.

La abuela, que ya había pasado por esta situación, sacó orgullosa de su bolsillo varias planchas de etiquetas, le dio una al abuelo donde éste escribió, "bosterito" y le clavo la mirada, la abuela le puso "varoncito" a la suya y ya no pudo ver nada más. Finalmente el padre escribió contento "ingeniero" y pego su frente al niño mirando solo esa palabra.

Con el pasar de los años el niño quedo cubierto de etiquetas y por fin la gente pudo vivir cómoda con tanta luz. Cada uno podía elegir donde posar su mirada, así donde algunos veían a un hombre sensible, otros veían una mujer valiente y algunos se quedaban con la mirada perdida en alguna etiqueta en blanco. Entretenidos mirando los diferentes nombres no se dieron cuenta de que la luz perduraba en sus ojos. En realidad, en todos los ojos un brillo asomaba. Las personas que miraban etiquetas le habían puesto una también, una que decía "miradas". Pero por más opaca que fuera no servía para tapar tanto brillo. La gente se pone incómoda con ella, miran hacia otro lado, en ella todo asoma, toda posibilidad todavía existe en la mirada, sólo hay que mantenerla.

sábado, 10 de mayo de 2008

La isla de las flores




an elephant that's in the room is
tumbling, tumbling, tumbling

domingo, 4 de mayo de 2008

Dirty Flowers

La original


La de Ernesto


La de Gise


...

Desoxidándonos!

martes, 15 de abril de 2008

La máquina del tiempo.


Finalmente la máquina del tiempo estaba terminada. Finalmente iba a poder volver y hacer todo como lo tendría que haber hecho desde el principio.

Escribí todo, lo ensayé, me armé de coraje y me lancé a cambiar mi vida. Volví y fue maravilloso, todo salió como esperaba y disfruté cada momento del recorrido hasta volver al momento donde todo empezó. Pero ahí me di cuenta que algo faltaba.

Analizándolo todo lo sucedido me di cuenta de cosas que debía cambiar, cosas que no eran lo mejor ni para mi ni para nadie, o al menos para mi. Volví a escribir, volví a ensayar y partí para empezar de nuevo. Esta vez cometí algunos errores pero el resultado no había sido tan malo. Estaba decidido a aceptarlo pero la tentación fue mas fuerte.

Llevado por un impulso volví otra vez, sin guión, sin ensayo y esta vez fue un desastre. Mi impaciencia me hizo pasar momentos horribles. Estaba desesperado, ya no podía deshacer esos momentos que había vivido. Sólo me consolaba saber que por lo menos podía rehacerlos.

Me tomé mucho mas tiempo esta vez, planee como un partido de ajedrez las diferentes posibles variaciones, ensayé la mejor respuesta para cada una. Iba a tener que volver más de una vez pero estaba dispuesto. Había decidido cuál era el estado final que yo quería y estaba dispuesto a alcanzarlo aunque tenga que volver decenas de veces. Aunque le tenga que dedicar mi vida a ello.

Ahora que terminé, los años pesan en mi cuerpo y mi alma esta agotada de revivir ese momento. Lo viví y reviví una y otra vez acabando con mi vida. Soy anciano ya pero al menos todo resultó como lo había planeado. Aunque, viéndolo desde aquí, tengo la sensación de que algo falta.

    sábado, 5 de abril de 2008

    Cartas




    Poco a poco fuimos aprendiendo las reglas. Nadie nos había dicho cuáles eran, ni siquiera nos habían dicho que existían reglas, pero nos dimos cuenta. Por nuestra cuenta, poco a poco, las fuimos descubriendo.

    Todos en el lugar llevaban sus cartas contra el pecho, nosotros teníamos que adivinarlas. Esto es posible sólo cuando uno comparte la misma carta con el otro. Pero, ¿Cómo saberlo? Me guié por las miradas, por las sensaciones que me provocaba ver a cada jugador. Pensé en buscar a los que sentía que eran como yo. Termine buscando a aquellos a los que yo admiraba. Buscaba a los que eran como yo quería ser.

    Grandes vergüenzas pasé equivocándome. Mostrar tu carta y que sea diferente a la del otro lleva a risas y burlas y al horrible rechazo. Aun mayor viniendo de aquellos a quienes admiraba.

    Con el tiempo ya no quise jugar, aprendí que el llanto no me gustaba y encontré el silencio. Ya no me fije en las personas que, se suponía, debían llamar mi atención y tiré la carta que me había enseñado eso.

    Me puse a jugar con las cartas que tenía hasta el momento. Sin ganas primero, pensando en demostrar a quienes quería que no me importaran, que no me importaban, pero pensando en ellos. Armé castillos, juegos simples, cajas, libritos y con el tiempo aprendí a disfrutarlo y me olvidé de ellos.

    Los castillos se volvieron hermosos palacios con habitaciones que yo no recordaba haber puesto ahí. Los juegos se tornaron más y más complejos y con ellos aprendí cosas que iban mas allá de las reglas con las que jugaba. Con las cartas armé códigos y escribí frases hermosas, frases estúpidas, verdades y mentiras. Con ellas armé poemas hermosos y poemas estúpidos y descubrí que allí ya no había verdades ni mentiras, solo poemas. Con el tiempo llegue a tener muchísimas cartas, y otros tantos juegos.

    Algunas veces quise mostrar mis creaciones, pensando que lo que había alcanzado generaría asombro y podría compartir su belleza. Primero junté a quienes me importaban y les mostré todo, emocionado, sin prestar atención a su reacción hasta que hube terminado. Lleno de energía les hice jugar a mis juegos explicándoles los detalles, recorrimos juntos los pasillos y terrazas de todas mis creaciones y les mostré de una vez todas mis cartas.

    Cuando terminamos algunos me dieron palabras de aliento que me llenaron de alegría pero la mayoría se preocupó por mí. Esto preocupó a los primeros y dejaron de alentarme. Me recomendaron que consiga ayuda y me llevaron con un experto en cartas, me dijeron que él podría hacerme mejorar, que podría ayudarme, nunca supe a qué.

    Este hombre me explicó cómo algunas cartas que yo tenía sobraban. Que ésas cartas no existían ya que nadie más las tenia, dijo que no estaban allí y me obligó a tirarlas. Yo que no quería perderlas, nunca pude creer que no existieran, sintiéndolas como las sentía. Con mi alma envuelta en dolor aproveche que el experto no podía verlas y en vez de tirarlas las guarde dentro de mi y nunca mas volví a mostrarlas. Luego, siguiendo sus instrucciones, ordené las cartas que me quedaban, las que podía usar para jugar con los demás. Pero no jugué. El juego ya no era doloroso pero era simple, fácil. No parecía tener ningún sentido y desde ese momento sólo lo utilicé para conseguir nuevas cartas.

    Con el tiempo empecé a cruzar gente por los pasillos de mi palacio. Escéptico pero algo emocionado considere que podrían llegar a haberlo aceptado. Más y más gente empezó a aparecer circulando por los pasillos. Mi emoción creció con la multitud y olvidé mi escepticismo. Les empecé a hacer notar las cosas que más me gustaban, sus techos, sus columnas, la forma en que la luz cambiaba de color con las diferentes cartas. Ellos me miraron extrañados y así noté que no veían lo mismo que yo. Noté que solo caminaban por ahí, con sus ojos dados vuelta mirando hacia dentro porque una carta decía que era bueno hacerlo. Así es como uno a uno fueron desapareciendo, y así es como sólo quedaste vos.

    Te vi mirando contenta las molduras de unas columnas y te miré bailando en una habitación donde caía constantemente una lluvia de cartas. Viste y disfrutaste aquellas cosas que nadie más había visto. Yo miré tu sonrisa, diferente a las de los otros y no pude dejar de admirarla. Me llevaste al lugar donde la habías encontrado y la compartiste conmigo. Me mostraste tus palacios y yo te mostré los míos. Y nos amamos en cada habitación. Inventamos un juego nuevo y lo jugamos juntos. Y nos llamaron locos. Pero no nos importó, los dos habíamos tirado esa carta.